Existen tres roles psicosociales que casi todas las personas “juegan” (o desarrollan) ya sea alguno de estos o los tres en forma indistinta según el momento social, intercambiándose de un papel hacia otro, dificultando totalmente la comunicación derecha, es decir, honesta.
Éstos roles son El Salvador (Rescuer), La Víctima (Victim) y el Perseguidor (Persecuter) y están representados por cada vértice de El Triángulo "Diabólico", el cual es considerado realmente trágico, ya que al final del juego de cada rol siempre se pierde, sintiéndose frustrado, enojado, amargado, etc.
Veamos un poco de cada rol......
La Víctima: Generalmente se siente que la tratan mal, piensa que todos abusan de “su nobleza”, se percibe incapaz. Muchas de las veces “se hace” o finge ser víctima, es decir “se tira al suelo para que otro la levante”.
Sus frases típicas son, “eso yo no puedo”, “yo no soy bueno para eso”, “hazme tu esto, tú eres bueno en eso”, “me resulta imposible”, “quisiera morirme de la pena” o “todo yo, solo yo, nada más a mí, me exigen, piden, obligan etc.”.
Su sentimiento crónico es de tristeza; puede meterse horas en su recámara, “tristeando”, “rumiando sus situaciones miserables o penosas”, puede quedarse hundida en un sillón o en la cama viendo la tele por tiempo indefinido. Sus pláticas van siempre pintadas de pesimismo, de quejas y melancolía.
El Salvador o Rescatador: Es un rol que juega la gente mucho menos que el anterior, pero que también se da dentro de las familias, en la escuela, en la oficina, etc. Es aquella persona que trata de ayudar, auxiliar, apoyar en todo a las demás personas que siente que lo necesitan, les aconseja aunque no le hayan pedido ningún consejo.
Sus frases típicas son: “yo sé, déjame hacerlo por ti”, “yo sé lo que sientes con todo esto…”, “hazlo así, te lo digo por tu bien” y cosas por el estilo. El problema mayor con este rol es que la persona se siente mucho si no siguen su consejo o no le hacen caso en lo que recomienda.
El sentimiento crónico de el Salvador es el resentimiento y siempre van impregnados todos sus consejos y comentarios de una sensación de omnipotencia, como si pudiera o supiera todo. Su ayuda no es tan desinteresada, ni altruista, siempre van en el sentido de obtener mayor reconocimiento, elogios a su sapiencia, premios en caricias a su ego, y si no llegan entonces se resiente aun más. No es tan genuino su deseo de ayuda. La persona que desea ayudar en forma desinteresada es un filantrópico o lo hace en forma anónima y desinteresada.
La persona que ha jugado el rol de Salvador te vas a dar cuenta cuando no le haces caso y te dice “ya vez te lo dije…”, “por eso deberías de hacerme caso”. Es típico de estas personas Rescatadoras que las busquen por su gran disposición para ayudar y dedicar tiempo a los demás, aunque muchas veces descuida a su familia; tiene que trabajar horas extras para sacar su trabajo por darle mayor importancia a los otros. Hay diferentes tipos de Salvadores, así como Víctimas. En ocasiones parecen complementarse pero solo para “invadirse, obstruir su crecimiento o absorber su yo”.
El Perseguidor: Es un rol que juega la gente en mayor cantidad que el Salvador, son personas muy rígidas y estrictas en cuanto a la justicia y sus propias creencias, aunque fallan al aplicárselas a sí mismos.
Los perseguidores, pueden ser muy agresivos verbalmente y hasta violentos. Son personas muy insistentes y hasta moralistas. Generalmente están señalando los errores de los demás con su índice, son los que le toman el tiempo al que toma la palabra, a la pareja para ver cuanto tarda de su trabajo a su casa, (puede ser el hombre o la mujer).
Sus frases preferidas son: “deberías de llegar más temprano”, “tienes que hacer esto en casa y luego aquello” “debes de enseñarme, platicarme, decirme todo lo que te pase” “nunca debes de esconder, omitir o mentirme, por que te va peor”, en fin siempre están hostigando, presionando, amenazando, chantajeando, estos son estilos y formas diferentes de un mismo rol psicosocial trágico, por que finalmente en sus relaciones resulta un perdedor frustrado.
Su sentimiento crónico negativo es el coraje, la ira y la inseguridad. Son de las personas que siguen a su pareja para ver a donde va, tiene sus dudas sobre fidelidad o son esas personas que están llame y llame insistentemente a su pareja para ver donde se encuentra, y con quien esta y no para decirle que le ama.
Ejemplifiquemos ahora cada uno de los roles en la siguiente situación profesional:
Juan Carlos, el director de una empresa, llama el jueves por la mañana a Gregorio, uno de sus principales proveedores–Hola, Gregorio, soy Juan Carlos. Mira, te llamo porque tengo un problema. El lunes de la semana que viene necesito comenzar la producción de un pedido de 30.000 pantalones y me he quedado sin materia prima. ¿Puedes entregarme el género para el lunes?Hasta aquí, todo parece normal: Juan Carlos le hace un pedido urgente a Gregorio. El problema es que su petición no es razonable, y así se lo expresa Gregorio:
–Juan Carlos, lo que me pides es casi imposible. Estamos hablando de muchos metros de género y ningún almacenista tiene tal cantidad de materia prima…
En este punto, Juan Carlos, viendo que Gregorio no va a solucionarle su problema, va a dar inicio al juego. Lo hará situándose en el rol de víctima:
–Gregorio, no puedes hacerme algo así… Perderé a mi cliente principal. Y no sólo eso… las ventas van mal, y si no atiendo este pedido, yo no sé lo que va a suceder… creo que seré despedido… Te lo pido por favor… se trata de algo más que un pedido, es mi puesto de trabajo… no me dejes tirado, te lo suplico. Además, llevo pasándote trabajo casi cinco años… no puedes hacerme esto.
Juan Carlos ha ejercido su papel de víctima a la perfección. ¿Por qué decimos que hace de víctima? ¡Pues porque algo de responsabilidad tendrá en haber llegado a tal situación! O se olvidó de hacer el pedido de género cuando tocaba o ha aceptado un encargo que no sabía si podía cumplir. El problema lo tiene Juan Carlos, él es el incompetente. Si uno es una persona empática, siente angustia, se pone en la tesitura de la víctima y, sin darse cuenta… se sitúa en el papel de salvador. Esto hizo Gregorio:
–Bueno, Juan Carlos, no sé, esto es casi imposible, no te aseguro nada... Yo haré todo lo posible por ayudarte, nunca te he dejado colgado… Pero no te garantizo nada…–¡Mil gracias, Gregorio! –le responde Juan Carlos–. ¡No sabes cómo te lo agradezco! Mantenme informado, ¿de acuerdo?
Ya está. El juego ha comenzado. Gregorio se ha colocado en el vértice del triángulo, asumiendo el rol de salvador. Juan Carlos ha apelado desde la posición de víctima y su interlocutor ha caído en la trampa, está ya dentro del juego. Veamos qué sucede.Gregorio pasa todo el jueves intentando acumular metros de tejido. El viernes al mediodía, desesperado, llama a Juan Carlos para comunicarle que no va a poder reunir todo el género solicitado, pero su cliente está reunido. Prueba un par de veces más, sin éxito. A última hora de la tarde vuelve a telefonear, pero Juan Carlos ya se ha ido de fin de semana.Llega el lunes por la mañana. El triángulo va a convertirse en dramático porque ahora, en breve, los dos jugadores van a intercambiar sus posiciones.
–Hola, Gregorio, ¿a qué hora me envías el camión? –pregunta Juan Carlos.–Verás… no he reunido más que un 10% de lo que necesitas –musita el pobre Gregorio–. Intenté localizarte el viernes para avisarte, pero fue imposible…
Bien, ahora se produce el denominado “momento de estupor”. Juan Carlos va a pasar de víctima a perseguidor. –¿Cómo dices? ¡Quedamos en que me servirías el pedido el lunes por la mañana! ¡Ni hablar! ¡Haz lo que sea, pero entrégame ese maldito género ya! De lo contrario… ¡detengo el pago de todas tus facturas! ¿Cómo te atreves a dejarme colgado? ¡Y sin avisar siquiera!
¿A qué posición apela ahora Juan Carlos desde su nuevo rol de perseguidor? Es obvio, coloca a Gregorio en el rol de víctima… ¡precisamente aquél desde donde él mismo invocó, desesperado, ayuda!Gregorio dirá que nunca se comprometió, que dijo que haría lo que pudiese. Juan Carlos responderá que le tenía que haber avisado antes, Gregorio aducirá que ya lo hizo y Juan Carlos afirmará que debía haber dejado un recado más explícito… En fin, da igual, el juego ya se ha desatado. ¿Final del juego? Todos pierden. Mal trago para todos. Ésa es la característica de todos los juegos de Salvación.Gregorio cuelga el teléfono y se siente fatal. “¡Encima que he intentado ayudarle, ahora me cae de la patada!”, pensará.
¿A cuántos de nosotros no nos suceden situaciones similares ya sea en lo personal o lo profesional? ¿Cuántas veces no nos hemos sentido perseguidos por alguien a quien, más allá de nuestra obligación, quisimos ayudar cuando nos imploró ayuda y casi nos besa tras aceptar brindársela?
¿ Cómo detener el juego ?
Para este ejemplo, o alguna situación parecida sería: Cuando uno detecta que le están pidiendo que haga algo que no es materialmente posible, hay que negarse. Si no, está entrando a jugar. Gregorio, aun a costa de perder su mejor cliente, no debería haber asumido la incompetencia de Juan Carlos. Uno sabe a la perfección cuándo le están apelando a un rol de salvador. En ese momento hay que negarse y mantener una postura de firmeza. “Lo que me pides es imposible y lo sabes. Sólo me comprometo a servirte en el plazo de una semana”. El otro, el que apela desde la postura de víctima, nunca podrá enfadarse porque sabe que no tiene derecho para exigir un imposible y que sólo él debe acarrear con su incompetencia.
Para la vida en general, la solución para salir de dicho triángulo diabólico . Jugar el rol de Adulto y AUTORESPONSABILIZARSE de sus acciones.
Bibliografía:
“Cuando Ayudarte Significa Hacerme Daño”, de Carmen Renee Berry.
“De Víctima a Triunfador” de Victor Ramírez Mota.
El Triángulo Trágico de Karpman del Dr. Stephen B. Karpman, abril de 1968.

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